Praga y Karlovy Vary

Praga es una ciudad de la que te enamoras. Pasear por sus calles te lleva a retroceder en el tiempo hasta los cuentos llenos de princesas y caballeros que defienden las torres que pueblan la ciudad. Y, cómo no, navegar por su río en una barca mientras tomas un café y escuchas música del país.

Al ser una ciudad turística no suele haber problemas de alojamiento y para disfrutar de la gastronomía checa, con platos abundantes de carne y salchichas, solo hay que lanzarse a las calles y probar.

Pasear por sus barrios tiene un encanto especial, al igual que cruzar los puentes sobre el río Moldava. El más espectacular es el puente de Carlos, referido al rey Carlos IV, sobre cuyo medio kilómetro de adoquinado se colocan artistas y diferentes comerciantes atraídos por el tropel humano que cruza de la ciudad vieja a la nueva. A un lado del Moldava está la ciudad vieja y el barrio judío. Al otro Malá Strana y el barrio del castillo.

Un paseo por tierra recorriendo calles y plazas llenas de historia o sumergiéndonos en su metro que nos lleva de un lugar a otro en pocos minutos hace que sea una experiencia inolvidable. Tras cada esquina se esconde una sorpresa en forma de calle, de torre o de teatro o sinagoga. Es de las ciudades que nunca se olvidan.

Otro paseo por el Moldava te hace ver las cosas desde otro punto de vista. El río está atravesado por varios puentes y el barquero, en un inglés como el nuestro, nos va contando detalles de cada recoveco del río. Como aquella alcantarilla donde se grabó alguna escena de la película Tom Cruise haciendo del agente 007. Entre tanto, disfrutar el sonido del agua, de las espectaculares vistas y de un café o una cerveza.

Y si hablamos de cerveza, para los amantes del líquido rubio, aquí tienen otro paraíso. Es normal encontrar tabernas y terrazas en las que tanto paisanos como turistas, degustan enormes vasos de cerveza. Y a un precio bastante asequible. Después de un día de paseos de un lado a otro se agradece sentarse y repasar todo lo vivido en el día y programar la jornada siguiente.

Desde Praga hay un viaje que hacer, dicen que imprescindible: Karlovy Vary. No está demasiado cerca, pero merece la pena. Lo más rápido es el autobús, con las dificultades de acceso para un viajero en silla de ruedas (salvo que tenga dos pisos). El tren, aunque tarde más, nos permite más movilidad. En tres horas, recorriendo los paisajes de Bohemia, nos lleva a esta pequeña pero coqueta ciudad-balneario. Lo típico es pasear por su calle, con buena accesibilidad para la silla de ruedas, comprar una pequeña jarrita de cerámica y beber (si se es capaz) el agua caliente que brota de sus fuentes termales.          

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