COPENHAGUE Y MALMOE

De pequeños o menos pequeños, todos hemos leído, nos han contado o hemos visto algún cuento de Andersen. Visitar la ciudad en la que pasó del anonimato a la fama universal es otro placer que no debemos olvidar.

Allá por la península de Jutlandia, en la entrada al mar Báltico, se encuentra la capital de Dinamarca. Seguramente de allí partirían embarcaciones vikingas que sembraron de terror las poblaciones costeras de media Europa. Pero ahora somos nosotros los que nos acercamos a descubrir sus encantos, su clima benigno y su avanzada sociedad.

Dicen que Copenhague tiene la calle peatonal más larga de Europa y pudimos comprobarlo, pues una calle se une a otra, a una plaza, a otra calle,… y podemos dar un buen paseo por el centro de esta capital. Este paseo se puede hacer perfectamente en silla de ruedas, puesto que es una ciudad al nivel del mar y sin grandes dificultades en sus calles. Y si os gusta la bici, estáis de suerte. Es una ciudad perfecta para desplazarse con este medio de locomoción, pues se pueden alquilar y dejar en numerosos puntos de la ciudad y circular por sus muchos carriles. En los meses de verano el uso es gratuito, aunque suele haber pocas sin usar. También es muy usual ver bicicletas con un ‘carrito’ en el que llevar mercancías o también a los niños.

Su origen medieval se ha conservado hasta nuestros días junto con otras edificaciones del renacimiento, al igual que muchos canales por los que navegar. También se ha ido modernizando con otros edificios mucho más contemporáneos que ponen el toque actual a una preciosa ciudad.

Así que lo mejor para hacerse una idea de la ciudad, rodeada de lagos y el mar Báltico, es hacer un pequeño recorrido por sus canales o en un autobús turístico. Luego, a ‘patear’ y recorrer todo lo que nos haya llamado la atención. A los del sur nos llama la atención poder pasear y disfrutar de los verdes parques que proliferan por doquier, con enormes árboles y praderas de hierba perfectamente recortada.

Si vamos con niños, el Tívoli, uno de los parques de atracciones más famosos de Europa y que abrió sus puertas en 1843. Lo más llamativo, la noche, con la iluminación de los árboles. También, cómo no, hacerse la foto de rigor junto a Hans Christian Andersen, que tantos buenos ratos nos hizo pasar a los niños con sus cuentos. Y si os atrevéis, visitar su tumba y dejarle algún pequeño mensaje escondido entre sus cipreses.

Dicen que todo el mundo que va a Copenhague se hace la foto con la sirenita, que ha pasado a ser un símbolo de esta ciudad y que en 1913 se hará centenaria. Siempre es un bonito y barato recuerdo. Porque la vida en Dinamarca, para un español de a pie, no es lo que diríamos asequible.

Desde esta ciudad podemos hacer una bonita excursión a otro país, en concreto a la ciudad de Malmoe, en Suecia. Conectados por vía férrea, a través del puente más largo de Europa que combina tren y carretera (construido por una empresa española) en poco rato y atravesando el mar Báltico, nos encontramos en esta ciudad que nos acoge con un monumento a la no violencia.

No es la típica ciudad que tenga un precioso casco antiguo, pero seguro que hay muchos rincones por descubrir, parques que llamarán tu atención, cementerios por los que pasear sin ninguna barrera arquitectónica y algún edificio materialmente devorado por las plantas. Y como en toda ciudad nórdica no debemos dejar de visitar sus mercadillos, con objetos y alimentos de todo tipo. Además, también se puede ver desde lejos la obra arquitectónica de otro ilustre español: el torso de Calatrava, un edificio imponente que se retuerce sobre el cielo.

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